
Treinta años tomando decisiones difíciles con quienes más las necesitaban.
No llegué a los directorios por recomendación académica ni por un MBA de nombre. Llegué porque en treinta años de trabajo en América Latina demostré una cosa que muy pocos pueden demostrar: que tenía razón cuando importaba tenerla.
Acompañé a más de 200 instituciones financieras en mercados desde México hasta Argentina en los momentos en que las decisiones no admitían errores. Transformaciones digitales que nadie sabía cómo ejecutar. Crisis regulatorias que nadie anticipó. Cambios tecnológicos que amenazaban modelos de negocio que habían funcionado por décadas.
Estuve en esas salas. Y sigo estando.
La mayoría de los consultores llegan con un framework. Yo llegué con algo distinto: la capacidad de leer una organización en las primeras dos horas y decirle lo que nadie en la sala se animaba a decir.
Eso no se aprende en un libro. Se construye caso a caso, mercado a mercado, crisis a crisis. Durante treinta años.
El resultado de ese proceso es Neuro360, una metodología propia para rediseñar cómo las organizaciones deciden. No cómo operan. No cómo se estructuran. Cómo deciden. Porque ahí es donde se gana o se pierde todo lo demás.
Escribí cinco libros. No porque me los pidieran sino porque había cosas que necesitaba decir con más espacio del que da una conferencia. Presento en FELABAN, en los congresos más importantes de banca y tecnología de la región, ante presidentes y comités que necesitan más que inspiración: necesitan criterio aplicable al lunes siguiente.
Soy presidente del LATAM AI Hub. Enseño en UBA y en el CEMA. Fui reconocido por Thinkers360 como Top 10 Thought Leader de América Latina en finanzas en 2026, gané el premio PAÍS en 2024 y 2026 de Fintech America, soy columnista en 5 medios de la región
Pero ninguna de esas cosas es lo que me define.
Lo que me define es lo que pasa cuando termino un trabajo. La organización no me necesita más. Sabe exactamente qué hacer y por qué. No hay dependencia. No hay contratos que se renuevan por inercia. Hay una decisión tomada y un equipo que sabe ejecutarla.
Ese es el único resultado que me importa medir.
Navego a vela. No como hobby sino como forma de pensar.
En el agua no existe la reunión para postergar la decisión. El viento no espera consenso. El rumbo se define o el barco deriva. Esa lógica es la que traigo a cada engagement: claridad de dirección, tolerancia real al riesgo y la capacidad de corregir el rumbo sin perder el norte.
¿Qué pienso sobre lo que está pasando en tu industria?
Cada semana publico análisis sobre inteligencia artificial, estrategia y transformación organizacional en América Latina. Sin humo. Sin tendencias importadas sin contexto. Con criterio construido en el campo.
Tres newsletters y publicaciones específicas que están generando conversación ahora mismo entre tus colegas.
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