(Banco Invisible – Edición Especial: Riesgo Sistémico en Colombia)
La banca digital prometió accesibilidad total.
Pero cuando un banco se cae y la economía se detiene con él, lo digital deja de ser progreso y se convierte en vulnerabilidad nacional.
La interrupción reciente en Colombia —que afectó simultáneamente a millones de usuarios de los principales rails de acceso al dinero minorista— no fue un incidente tecnológico. Fue un evento crítico de infraestructura del Estado.
Porque en los países donde la inclusión financiera avanzó por la vía del teléfono móvil, la banca dejó de ser una industria y se transformó en un servicio público de facto.
Aunque nadie lo haya dicho en voz alta.
Lo que estaba oculto: el dinero no es útil si no es accesible
Los fondos estaban seguros.
Pero los ciudadanos no podían:
- pagar transporte
- comprar alimentos
- retirar efectivo
No se cayeron los servicios bancarios.
Se cayó la economía cotidiana.
Y eso revela una verdad incómoda:
la infraestructura financiera de un país puede estar concentrada en un número peligrosamente pequeño de puntos de fallo comunes.
No se requiere un sabotaje geopolítico ni un ciberataque para causar un desastre económico.
A veces basta con un componente degradado en el lugar equivocado.
El riesgo sistémico se volvió doméstico
Aquellos que me siguen saben que este tema del riesgo sistémico no es la primera vez que lo toco, y sobre todo que nos está hablando de un tema estructural o de base de los procesos mas primitivos de seguridad de la información y gestión de la continuidad del negocio.
La teoría lo anticipaba:
cuando millones dependen de un rail digital para sobrevivir día a día, una interrupción masiva deja de ser una falla operativa y se vuelve un riesgo sistémico doméstico.
El Banco Central resguarda depósitos y liquidez sistémica.
Pero nadie estaba mirando la liquidez del ciudadano de a pie: su capacidad de transaccionar, comer, moverse, trabajar.
La economía no colapsa cuando el valor desaparece.
Colapsa cuando el valor no circula.
La raíz del problema no es la tecnología. Es la gobernanza.
Las instituciones afectadas tenían:
- Data centers
- Procedimientos de recuperación
- Equipos técnicos altamente competentes
Lo que faltó fue:
- Business Impact Analysis alineado al rol público de la banca digital
- Modelos de continuidad económica más allá del uptime del servidor
- Gobernanza de riesgo al nivel del directorio
- Supervisión regulatoria sobre resiliencia, no solo sobre solvencia
La pregunta clave es brutal en su sencillez:
Si una falla técnica puede frenar la vida de un país,
¿quién está a cargo de evitarlo?
Los bancos ya son infraestructura crítica. Aunque nadie lo haya aceptado aún.
Cuando fallan la electricidad o las telecomunicaciones,
el Estado interviene porque se pone en juego la seguridad nacional.
La banca digital está en ese nivel.
Lo alcanzó sin que nadie trazara el mapa.
El vacío regulatorio no está en la ciberseguridad ni en la transparencia de capital.
Está en la resiliencia sistémica del acceso al dinero.
Cómo se previene el próximo apagón financiero
Cinco movimientos que separan a los líderes de los rezagados:
- Redundancia segmentada de infraestructura: Activo-activo multicloud con dominios de fallo aislados.Ninguna pieza debe poder apagarlo todo.
- Continuidad económica como policy nacional: Mecanismos de transacción esenciales garantizados:transporte, salud, alimentos, seguridad social.
- Pruebas de caída realistas y supervisadas: Simulacros sectoriales coordinados por el reguladorque involucren a bancos, adquirentes y railes digitales.
- Indicadores obligatorios de resiliencia operativa: MTTR, porcentaje de operaciones salvadas, tiempo a primer mensaje claro.La opacidad nunca más debe ser una opción.
- Gobernanza de resiliencia al nivel del directorio: La continuidad no es un proyecto técnico,es una responsabilidad política de quienes dirigen el sistema financiero.
El desafío político
El Estado no puede delegar la resiliencia de la infraestructura del dinero en la buena voluntad tecnológica de las entidades privadas.
Como tampoco los bancos pueden esperar que una regulación tardía repare lo que hoy es urgente.
Las reglas del juego cambiaron:
el acceso al dinero ya es parte de la soberanía económica.
La pregunta para los próximos meses no es técnica, es institucional:
¿Quién garantiza que el país siga funcionando cuando el sistema bancario no?
Mi Cierre
Este episodio en Colombia no debe verse como una falla técnica que ya pasó.
Debe verse como una oportunidad para construir una banca que, cuando todo se detenga, siga de pie.
El sistema financiero es fuerte cuando puede equivocarse sin poner al país en riesgo.
La resiliencia operativa es el próximo capítulo de
la estabilidad financiera. Y no hay margen para postergarlo.
Cómo puedo ayudar a que esto no vuelva a ocurrir
Los incidentes son inevitables.
Lo que sí es opcional es el impacto que tendrán en la economía, la reputación y la confianza.
Eso es exactamente lo que trabajamos con los directorios y C-Levels de la región:
- Revisión ejecutiva del Business Impact Analysis con foco en acceso esencial al dinero
- Evaluación del nivel real de resiliencia frente a interrupciones masivas
- Pruebas de caída incómodas que revelan vulnerabilidades antes de que escalen
- Plan de mitigación a 90 días, operable y alineado al negocio
La conversación inicial es confidencial, breve y accionable.
Su objetivo es simple: permitirle al comité ejecutivo tomar una decisión informada antes del próximo evento.
Si querés, te muestro cómo comparás con los líderes de la región y dónde está tu exposición real ante un riesgo sistémico doméstico.
Diego San Esteban
Resiliencia Digital para la Banca – LATAM AI Hub
Coordinación directa por mensaje privado o vía correo del directorio
